• March 24, 2023
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Escrito por: Luis Moros
Analista político, experto en persuasión, filántropo y autor de “Imprescindible: El poder del
storyselling”.

03/23/2023

 

La política es un partido de fútbol. Los titulares son los jugadores activos, los insiders. En la banca están los externos, los outsiders. Y ambos están dirigidos por un director técnico, en este caso Nicolas Maduro. En las gradas y tribunas, se encuentran los fanáticos. Ahí estamos nosotros, de manera inconsciente sirviendo de gasolina para el populismo. Es así como llegó Chávez, vendiéndole al pueblo algo que habíamos perdido: esperanza.

Este partido ha sido atípico. De 90 minutos pasó a tener 12 millones 88 mil y 800 minutos, lo equivalente a 23 años de autoritarismo. Y seguimos contando. Sin embargo, el venezolano se ha caracterizado por recordar siempre el medio tiempo. Así que refresquemos un poco lo que ha sido el último “autogol” del régimen. Un autogol que en realidad es una jugada maestra que los bautiza como “justicieros”.

Explicar lo que sucede en Venezuela no requiere de un magister en matemáticas o contaduría. El presupuesto nacional es de $11 mil millones de dólares. Tareck El Aissami se roba $3 mil millones, lo que equivale a un 27% del presupuesto nacional. Mientras los políticos roban, aquellos encargados de enseñar y culturizar a una generación, los profesores, ganan menos de $10 dólares mensuales. Mientras las personas mueren por falta de insumos médicos, los políticos desangran económicamente al país.

El costo promedio para construir una escuela pública es de $800,000 mil dólares. En infraestructura y transporte, asfaltar un kilómetro de carretera cuesta alrededor de $125,000 mil dólares. En términos de alimentación escolar, con $3 mil millones se habría financiado el Programa de Alimentación Escolar (PAE) por más de 3 años consecutivos. En la salud pública, la construcción o renovación de un hospital va entre los $300 mil y $500 mil dólares. En pocas palabras, un funcionario le robó la oportunidad al país de construir 2,000 colegios, asfaltar más de 24,000 kilómetros de carretera, alimentar a más de 6 millones de estudiantes, y abastecer la salud pública con más de 12,000 hospitales.

Cortesía: DW

Según la organización de Transparencia Internacional (TI), Venezuela es el tercer país más corrupto del mundo, en el puesto 177 de 180 países. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática. Durante el liderazgo del presidente Nicolas Maduro, la inflación acumulada del bolívar de 2014-2018 fue de más de veintidós millones, según el Banco Central de Venezuela.

Como resultado de las acciones de Maduro, el pueblo de Venezuela ya no puede permitirse vivir en su propio país. En el 2019, Estados Unidos sancionó a los tres hijastros de Maduro (Walter, Yosser y Yoswal Flores), y a otras siete personas, así como a 13 entidades, involucrados en una compleja red de soborno y lavado de dinero que ha estado robando al pueblo de Venezuela a través de un programa de distribución de alimentos pagados, conocido como CLAP. Después de este récord de corrupción, malversación de fondos y crímenes de lesa humanidad, ¿Qué tipo de veracidad tiene una investigación “anti-corrupción” que es liderada por el director técnico del tercer país más corrupto del mundo? No sigamos subestimando al régimen. Paremos de tener memoria corta y empecemos a analizar las diferentes caras de Nicolas Maduro. Ese que dice “penes” y no “panes” tiene detrás a expertos en persuasión política y astroturfing1.

Esto no es un autogol, es la “mano de Dios” de Maradona que usan como comodín para limpiar su reputación para las elecciones presidenciales del 2024, reducir sanciones por parte de Estados Unidos, canjes de corruptos que se oponen al liderazgo de Maduro y descaradamente usar este ejemplo de “anti-corrupción” para limpiar su perversa y criminal reputación ante los medios internacionales. Esta es la siguiente fase de la “revolución bolivariana”, la legitimización del poder. Tareck El Aissami está lejos de perder liderazgo político. Ahora, El Aissami pasa a ser un “topo político” y seguirá operando detrás del telón con sus aliados: China, Rusia e Irán. El panorama político actual en América Latina es muy favorable para Maduro. Esta siguiente fase de legitimización consiste en apretar algunos cabos sueltos y vender una fachada en la que el régimen parece tomar medidas enérgicas contra la corrupción y el tráfico de drogas. Sin duda,

Tareck El Aissami es una parte clave de esta fase de legitimización del gobierno. De hecho, es mejor para él y para el régimen que pase a otro rol. Así como en las novelas, matan al actor, aunque en la narrativa siga dando de qué hablar. Mientras que el régimen está en su fase de legitimización, la oposición procede a su fase de división, ocasionando una apatía en el votante. Sobre todo, en el votante más importante de cualquier país: los jóvenes. En Venezuela, más de un 30% de los jóvenes no tienen interés alguno en la política ya que se sienten traicionados y sin referentes actuales de un político con altura. Este partido de fútbol fuese distinto si la oposición estuviese unida. Aquellos políticos que se oponen al cambio no han decidido unirse. Han dejado que el ego y el poder hable por ellos.

Han permitido que se les vea como políticos, y no cómo servidores públicos. La historia de la política nos dice una y otra vez que la unión es lo único que fortalece a un pueblo, es el arma para derrocar dictaduras y la fortaleza de cualquier oposición. Sin embargo, en Venezuela la oposición ha estado por más de una década opuesta a sí misma, y sobre todo opuesta a unirse para vencer el tirano. Si algo nos ha dejado el Chavismo-Madurismo durante sus 23 años de mandato es que jamás están dispuestos a dar puntadas sin dedal.


1 El astroturfing es una técnica de marketing y relaciones públicas basada en proyectar una imagen falsa de
naturalidad y espontaneidad con el fin de ganar apoyo y viralidad.


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